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viernes, 2 de agosto de 2013

Manuel Pineda Calderón




Manuel Pineda Calderón es el autor de la imagen de Ntra. Sra. de los Dolores de nuestra localidad, en 1939, una piadosa mujer, devota de la Virgen de los Dolores, Doña Elena Santiago Moreno, viuda de Campos, encargó para la Parroquia un busto para una Imagen de la citada advocación, tallado en madera y policromado, al imaginero residente en Alcalá de Guadaira Don Manuel Pineda Calderón. Dicha Imagen fue entregada en marzo de 1940, constando todo ello en documento de compraventa firmado al respecto por el mencionado escultor y por Don Antonio Güeto, representante de la mencionada Doña Elena Santiago.



Manuel Pineda Calderón nació en Alcalá de Guadaíra el 25 de noviembre de 1906, siendo hijo de Francisco Pineda Ojeda, de profesión panadero, y de Alegría Calderón Díaz. Tuvo un hermano gemelo, José, que murió al poco de nacer, el 29 de diciembre de dicho año. Precisamente, las secuelas de este parto hicieron mella en la salud de la madre, quien falleció el 21 de febrero de 1907. Manuel, en compañía de su hermana mayor Concha, hubo de ser criado por su tía Concepción Calderón Díaz.

Aunque en su familia no existían antecedentes artísticos, su vocación escultórica se despertó muy pronto, amasando pequeñas figuras en la panadería paterna. Sus estudios transcurrieron en el alcalareño Colegio de los Salesianos. En su juventud, pasó por los talleres del escultor y pintor Ángel Magaña en Sevilla, y el de José Márquez en Alcalá, pero fue tan escasa la huella que ambos dejaron en su plástica, que bien puede considerarse a Manuel Pineda Calderón como un verdadero autodidacta en el terreno escultórico. En el arte del Dibujo se inició en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla.


Su primer taller en Alcalá de Guadaíra lo abrió en la calle Virgen del Águila, número 13, trasladándolo con posterioridad a la calle Conde de Guadalhorce, primero en el número 2 y después en el 15. Durante muchos años, Pineda Calderón gozó del mecenazgo y protección de la familia Beca Mateos, para la que realizó múltiples trabajos escultóricos, pictóricos y decorativos. Nunca quiso el artista rodearse de un amplio plantel de aprendices y colaboradores; a decir verdad, el único a quien puede considerarse discípulo directo suyo es el también imaginero alcalareño José María Cerero Sola, quien ingresó en su taller como aprendiz en 1946, y allí permaneció durante veintidós años seguidos.

Manuel Pineda cultivó oficios artísticos muy diferentes, desde la pintura mural y de caballete, a la escultura y talla en madera, pasando por el dorado y, de manera ocasional, la orfebrería y el diseño de bordados

Pero Manuel Pineda Calderón se sintió, ante todo, escultor. La temática profana no le sedujo, dedicándose exclusivamente a la imaginería religiosa, tanto con fines culturales como procesionales. El barro, hábilmente modelado, lo utilizó casi siempre para realizar los bocetos de sus creaciones. La madera fue su material predilecto, siendo él mismo quien la encarnaba, policromaba y estofaba. Ocasionalmente, trabajó las telas encoladas para las indumentarias, la pasta de madera, o el estuco, como en la decoración del arco del escenario del Palacio Cinema de Mairena del Alcor, destruido en 1992.

Asimismo, acometió múltiples restauraciones, que según criterios epocales que hoy resultarían inadmisibles, no siempre estuvieron guiadas por el respeto absoluto hacia la obra de arte original.

La figura de Manuel Pineda Calderón se integra en aquel grupo de imagineros españoles que, tras los destrozos producidos durante la Segunda República y la Guerra Civil, trabajaron incesantemente con la finalidad de restituir buena parte del patrimonio escultórico perdido.

Manuel Pineda Calderón, por convicción personal y por deseo de sus comitentes, permaneció apegado durante toda la vida a ese estilo neobarroco imperante hasta nuestros días en la imaginería sevillana, anclado en la tradición local, decantándose por una formas conservadoras y de escasa entidad creativa, aunque no pueda negársele su dominio del oficio y el gusto por el trabajo bien hecho. Su fervoroso entusiasmo por Martínez Montañés y Juan de Mesa, constantes fuentes de inspiración para su repertorio cristífero, no fue óbice para que supiese caracterizar e individualizar su propia obra mediante el empleo de una serie de grafismos y de unos tipos físicos muy repetitivos, de manera que sus imágenes resultan fácilmente reconocibles, a poco que se conozca la producción de su autor. A este respecto, resulta proverbial el ejemplo de sus múltiples Dolorosas, que responden a un prototipo de belleza femenino, claramente idealizado, que no se basa en un modelo concreto del natural; suelen ser rostros juveniles, de contorno redondeado o ligeramente oval, inclinados levemente y animados por expresiones de ansiedad y serena aflicción, que Pineda repetirá de manera insistente con tenues variantes. Para las Vírgenes prefería las encarnaduras pálidas, frente a las tonalidades más cálidas de sus Cristos. Solía firmar la mayoría de sus esculturas con la inicial de su nombre y los dos apellidos: "M. PINEDA CALDERON", fechando también muchas de ellas.

Su catálogo es tan abultado como disperso, existen muestras de su quehacer en las provincias de Sevilla, Huelva, Cádiz, Córdoba, Málaga, Badajoz, Madrid, Ciudad Real, Burgos, Bilbao y la ciudad de Ceuta. Ello viene a demostrar no sólo su enorme capacidad de trabajo, sino también el prestigio y cotización que gozó en su tiempo, sobre todo en los ambientes eclesiásticos y cofrades de ámbito rural, pues apenas laboró para las grandes capitales.

Manuel Pineda Calderón falleció a los 68 años, a causa de un infarto de miocardio, el 30 de diciembre de 1974, siendo enterrado al día siguiente en el cementerio de San Mateo de Alcalá de Guadaíra.

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