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miércoles, 4 de julio de 2012

La Roldana

Luisa Ignacia Roldán de Mena-Ortega, nació en Sevilla el 8 de Septiembre de 1652. Era la cuarta de los ocho hijos que tuvo el matrimonio formado por Pedro Roldán y Teresa de Mena. Fue bautizada en la iglesia de Santa Marina, en Sevilla. 

Su padre, Pedro Roldán (1624-1699) era un afamado escultor del barroco andaluz. Se formó en Granada con Alonso de Mena. Un escultor vinculado estrechamente con la obra de otros artistas como Murillo y Valdés Leal. En 1647, se traslada a Sevilla donde abre su propio taller. De todos sus hijos fue Luisa la que mejor captó sus enseñanzas, pero no fue la única en dedicarse al oficio de la escultura puesto que sus hermanas, Francisca y María también lo hicieron.

En el taller de su padre aprendió las técnicas del trabajo en madera, piedra y barro y el empleo de la pintura, el dorado y el estofado de las imágenes.

Luisa siempre fue una niña algo despierta y a la que no le gustaba mucho obedecer de forma ciega a todo lo que le dijesen. Tanto es así, que decide casarse con un asistente del taller de su padre, Luis Antonio de los Arcos, con la oposición absoluta de su progenitor. El asunto de su boda llegó incluso a los tribunales, pero estos a pesar de la época en la que sucedió, le dieron la razón a ella y terminó contrayendo matrimonio el 25 de diciembre de 1671 en la Iglesia de San Marcos de Sevilla.

Una vez casada abre su propio taller, donde ella es la maestra y su marido el ayudante. Entre 1675 y 1683, cuatro de sus seis hijos mueren, la mayoría apenas alcanzó el segundo año de vida. Los que sobrevivieron, Francisco José Ignacio y Rosa María Josefa, no se dedicaron al oficio materno. 

En el año 1684, esculpe para el Convento de los Carmelitas en Cádiz, su primera obra maestra documentada, un Ecce Homo (hoy día en la catedral de Cádiz). La figura muestra a Cristo como víctima de torturas que está sufriendo, con las facciones del rostro descompuestas y la boca abierta para lanzar un grito desesperado de dolor, las manos atadas agarran el manto de púrpura. 

En 1687 es contratada por el cabildo de la Catedral de Cádiz para hacer las figuras para el nuevo monumento de la Templo. 

Entre 1687 y 1700 realiza numerosas obras entre las que caben destacar: Virgen de la Soledad de la Cofradía del Santo Entierro de Puerto Real (Cádiz); San Servando y San Germán; María Magdalena para la Hermandad del Nazareno de Cádiz o Jesús Nazareno de Sisante (Cuenca). 

En 1688 se trasladan a Madrid. Son años difíciles donde ella trabaja para ganarse un puesto en el difícil mundo de la escultura, un mundo hostil y competitivo, y aun más si hablamos de una mujer. Pero sus esfuerzos se ven recompensados, ya que el día 15 de octubre de 1692, se convierte en escultora de cámara del último rey de los Habsburgo, Carlos II. Pasa a ser la primera mujer en conseguir tal puesto. A pesar de todos los reconocimientos y fama, nunca tuvo una posición económica holgada.  La escultora escribió varias misivas al rey pidiéndole en un principio un sueldo, más tarde le solicita un lugar donde vivir puesto que al no ser pagada no tiene como costear un lugar donde habitar con su familia, por último, al no ver respondidas sus cartas, escribe a la reina Mariana de Neoburgo: ‘que por estar pobre y tener dos hijos lo pasa con gran estreches pues muchos dias le falta para lo preciso del sustento de cada dia y por esto mas precizada a pedir a Vuestra Majestad se tenga por servida mandar se le de una racion de especies para que tenga su nesecidad algun alibio’, la reina otorgó que se la concedieran 25 doblones. Pero las penurias de ‘La Roldana’ continuarán, ya que el 1 de noviembre de 1700, Carlos II muere, por lo que queda sin mecenas.

En octubre de 1701, es nombrado rey de España a Felipe V, quien será el primer rey de la Casa de Borbón en reinar en España. El nuevo rey, también deposita su confianza en la escultora y le otorga nuevamente el puesto de escultora de Cámara, aunque si bien es cierto no es por motu propio, sino que es ella quien lo solicita y el Marqués de Villafranca intercede por ella. Pero las penurias económicas siguen exactamente igual que con Carlos II, la situación de la familia de Luisa empeoraba cada vez más. De nuevo, la escultora escribió cartas a la Casa Real, pidiendo el pago de obras de arte que ya habían sido entregadas. 

La gran escultora del siglo XVII murió a los 48 años, según un escrito de Palomino, ‘por los años de 1704 en esta Corte, y apenas a los cincuenta años de edad’, a pesar de sus éxitos y fama, en la pobreza.

De su estilo como escultora, se puede decir que es barroquizante, esta característica la aprende en el taller de su padre, sin embargo ella la lleva a unas formas de expresión más marcadas, más sentimentales, a veces tierna, siempre selladas por un barroquismo dinámico, logrado con melenas de cabello y ropajes ondeando. 

Trabajó el barro y la madera, material con el que ella logra sus mayores logros. Sabe imprimir a las imágenes un tono humano y sensible, es perceptible en la delicadeza con que trabaja las carnaciones de los personajes bien en las manos bien en los rostros. Sus temas son eminentemente religiosos, esculpe belenes, ángeles, temas marianos... Inmersa en el ambiente contrarreformista español, su producción escultórica se centra en la temática religiosa representando temas de la Pasión de Cristo, de Jesús Niño, de la Vida de la Virgen, la Sagrada Familia y los Santos.

Son muchas las esculturas que realizó, pero no todas han sido reconocidas, algunas se las han atribuido a otros artistas y otras aún no están claras. Lo que si es seguro que se trató de una de las mejores artistas del barroco español. 

Sus obras

Aunque se le han atribuido multitud de obras en Sevilla, sobre todo en la hermandad de La Exaltación, lo cierto es que las únicas piezas que se pueden decir de su estilo son el Ángel del misterio de la Oración en el Huerto (Monte-Sión) y los pasionarios de la Exaltación, pero ningún Titular.

Igualmente entre las posibles atribuciones se ha llegado a acercar a su taller a la Esperanza Macarena y la Virgen de Regla de Los Panaderos. Curiosamente su única obra proesional documentada se encuentra en Puerto Real (Cádiz) y es la Virgen de la Soledad, donada junto con su esposo, el también imaginero Luis Antonio de los Arcos Navarro. Recientemente tras la restauración de la Virgen de la Estrella de Sevilla en el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, los estudios realizados, apuntan con fundamento la autoría de la imagen al taller artístico fundado por el matrimonio formado por Luis Antonio de los Arcos y su esposa Luisa Ignacia Roldán “La Roldana”.



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